Dermatitis atópica

Dermatitis atópica: ese picor que ‘quema’

Un picor tan intenso que parece que quemara la piel. Los niños suelen ser los más explícitos a la hora de  describir las enfermedades y así suelen definir muchos de ellos  la dermatitis atópica, una enfermedad cutánea inflamatoria crónica, recidivante y pruriginosa que afecta al 10-20% de los niños y a un 5-10%, aproximadamente, de los adultos en España.

Dermatitis-atopica-recien-nacido-600x400

La dermatitis atópica se caracteriza por un intenso picor que suele desencadenarse en brotes. Afecta a ambos sexos por igual y produce normalmente eccemas que al exudar o sangrar, debido al proceso inflamatorio o al rascado, terminan formando costras. Suele aparecer en la mayoría de los casos antes del primer año de vida, y se caracteriza por ser una enfermedad que va cambiando en las distintas fases de crecimiento del paciente.

En los niños menores de dos años suele comenzar con enrojecimiento y granitos que a menudo exudan líquido. Las lesiones se localizan especialmente en las mejillas, cuello y cuero cabelludo. A medida que el niño va creciendo, la piel tiene un aspecto más seco y las lesiones suelen agrietarse, apareciendo especialmente en las flexuras de los codos y la parte posterior de las rodillas, nuca o tronco. Ya de adolescentes y adultos, se suelen ver afectadas tanto la cara como el tronco, así como las manos.

Se ha demostrado que esta enfermedad tiene cierta predisposición genética y, además, en determinados casos, se presenta como acompañada de otras afecciones como el asma bronquial o la rinitis alérgica. Se ha demostrado  Los pacientes de dermatitis atópica tienen una piel extremadamente sensible a factores externos como  la sequedad del ambiente, los irritantes, los cambios de temperatura y las bacterias, entre otros. Existen células del sistema inmunológico en nuestra piel que en el caso de los atópicos “hiperreaccionan” y generan una respuesta inflamatoria exagerada.

Dermatitis-atopica-1-600x609

Los dermatólogos inciden en la necesidad de consultar sobre esta enfermedad en edad pediátrica y acudir a ellos cuando se note algún síntoma. Hay que tener en cuenta que, aunque no suele ser grave, sí causa trastornos en el niño y sus familiares. Como explica la especialista Minia Campos Domínguez, de la Clínica González & Campos: “en casos moderados y graves, los intensos picores desvelan a los niños que lo sufren causando trastornos en el sueño y como consecuencia, disminución en el rendimiento escolar de los niños mayores”, indica. Y no sólo el afectado es el paciente: “la dermatitis atópica en estos casos conlleva una importante alteración de la calidad de vida del paciente y sus padres, por su repercusión psicológica, económica y laboral”, asegura.

Pero hay buenas noticias. En la gran mayoría de los casos la dermatitis atópica no es grave y a medida que la persona va creciendo los brotes van siendo menos intensos e infrecuentes; así al llegar a la adolescencia no hay casi manifestaciones o son muy leves en un 60% de los casos.

Tratamientos para mejorar la dermatitis atópica

Lo primero a tener en cuenta es que no existe cura para la dermatitis atópica. Las recomendaciones básicas pasan por evitar el contacto directo con irritantes, mantener una higiene con productos aptos para pieles atópicas, hidratarse varias veces al día y no rascarse las lesiones. Además de estos consejos, el especialista examinará cada caso y valorará el tratamiento farmacológico tópico más adecuado para cada paciente. La dermatóloga Minia Campos los explica:

  • Corticoides tópicos: Son los fármacos de primera línea en el tratamiento de los brotes de dermatitis atópica. Se clasifican en grupos según su potencia. En cara y pliegues se deben utilizar corticoides de baja potencia. En áreas de piel gruesa (palmas y plantas) son necesarios corticoides de alta potencia. En niños no se deben utilizar corticoides de muy alta potencia salvo indicación por el especialista. El corticoide debe utilizarse hasta que la inflamación del eccema desaparezca por completo, no debemos quedarnos cortos al pautar los días de tratamiento ya que esto da lugar a rebotes rápidos. En la práctica es útil dar un período orientativo y explicar que se debe tratar hasta que la lesión no esté roja ni áspera.

Tal y como incide Minia Campos: “Las familias deben huir de tratamientos alternativos y dejarse guiar por el especialista. La corticofobia no es beneficiosa, ya que los corticoides tópicos son el tratamiento de primera elección en la mayoría de los casos y se ha demostrado científicamente que es peor tener la barrera cutánea dañada que los teóricos efectos secundarios que podrían tener los corticoides”.

  • Inhibidores de la calcineurina o inmunomoduladores tópicos. Este tipo de fármacos está aprobado para mayores de  dos años. Disponemos actualmente de dos inhibidores de la calcineurina: pomada de tacrolimus (aprobado en la edad pediátrica al 0,03%) y crema de pimecrolimus. Como ventaja, no tienen los efectos locales (atrofia, hipertricosis) ni sistémicos (cataratas, síndrome de Cushing, inhibición del eje hipófiso-suprarrenal) de los corticoides. Pueden plantearse como tratamiento de primera línea en eccemas no exudativos localizados en cara y pliegues. El tacrolimus es muy útil en la fase de mantenimiento para alargar el tiempo entre brotes.
  • Corticoides orales. Suelen utilizarse en ciclos de 2-4 semanas, a dosis de inicio de   0,5-1 mg/kg/día, en toma matutina y con descenso paulatino de dosis. Se utilizan cuando hay fracaso del tratamiento tópico o cuando la extensión o gravedad del brote justifican su uso como primera línea de tratamiento.

También hay una serie de tratamientos adicionales o adyuvantes para tratar esta enfermedad como:

  • Cremas emolientes: Imprescindibles a diario en la fase de mantenimiento para alargar el tiempo entre brotes.
  • Antihistamínicos: útiles en el prurito nocturno posiblemente por su efecto sedante.
  • Antibióticos tópicos y antibióticos orales: Para tratar la sobreinfección bacteriana, aunque no hay que utilizarlos durante más de dos semanas.

Consejos y preguntas frecuentes

  • ¿Qué rutina hay que seguir para mejorar los síntomas de la dermatitis atópica? Minia Campos aconseja que las duchas sean cortas, inferiores a 10 minutos, y se evite que sean muy calientes. Con ello, y aplicando después una buena crema hidratante, la ducha puede ser diaria. Los productos de higiene deben ser bajos en perfumes, irritantes y alérgenos. A la hora de vestirse, es aconsejable que la ropa que contacte directamente con la piel sea 100% algodón y de texturas suaves, que eviten la irritación. Además, el lavado de la ropa debe realizarse con detergentes hipoalergénicos y sin suavizante. También es importante tener en cuenta que no se debe abrigar en exceso al niño, puesto que las actividades que favorezcan la sudoración excesiva pueden desencadenar brotes. En el hogar hay que mantener en extremo la limpieza, retirando los objetos que acumulen ácaros, como alfombras y peluches.
  • ¿Cuáles son los mejores hidratantes? Aptas para pieles atópicas, sin perfumes y bien toleradadas por el paciente, por no producir picor ni irritación y ser fáciles de utilizar diariamente.
  • ¿La dermatitis atópica es contagiosa? Rotundamente no.
  • ¿Los niños con esta enfermedad pueden tener animales? Los niños con dermatitis atópica tienen más riesgo de desarrollar alergia al pelo de los animales que el resto de niños. En caso de que existan animales en casa, si no tienen aún la sensibilización no habría que desprenderse de ellos, pero nunca dormir con ellos o sentarse en el mismo sofá que usen o estén los animales. Para tener animales, es importante mantener una correcta limpieza en la casa y consultar con el especialista antes.
  • ¿Estos pacientes pueden nadar en el mar o en la piscina? Si no hay contraindicaciones del médico, sí. Es mucho mejor el mar que la piscina y dentro de las piscinas son mejores las que no tienen cloro (piscinas “de sal”).  Después del baño es importante aclarar bien la piel, secar sin frotar y aplicar crema hidratante.