Lunares

Lunares controlados: la mejor prevención contra el cáncer de piel

Casi todos tenemos lunares: muchos o pocos, más grandes o más pequeños, localizados la mayoría en un lugar determinado o repartidos por nuestra piel. La gran mayoría de ellos son benignos y la para muchas personas constituyen un mero problema estético.

Sin embargo, es necesario prestarles atención. Cambios bruscos en su forma o tamaño o una coloración heterogénea pueden ser indicios de que tras ese lunar se oculta un problema mayor: un cáncer de piel tipo melanoma. Cuanto antes se diagnostique el melanoma, mucho mejor.

Lunares-controlados-1-300x225“Los  lunares son lesiones benignas de la piel con gran acumulación de melanina y de las células que la producen, los melanocitos, de ahí su color. Su nombre médico es nevus melanocítico”, explica la especialista en Dermatología Minia Campos Domínguez, de la Clínica González & Campos.

Que una persona tenga muchos lunares no quiere decir que vaya a desarrollar algún problema, pues como explica esta especialista, la gran mayoría de los lunares son benignos. “Además existen dos tipos: los congénitos, que están presentes desde el nacimiento; y los adquiridos que van saliendo a lo largo de la vida. El número de lunares de una persona está tanto condicionado genéticamente como influido por factores ambientales, tales como la exposición solar durante la infancia”, indica esta dermatóloga.

Estos lunares pueden ir cambiando a lo largo de la vida de forma natural, por ejemplo en la pubertad, con el embarazo o al tomar píldoras anticonceptivas. Estos y otros motivos van haciendo que a lo largo de la vida los nevus puedan aumentar su tamaño, número o pigmentación.

“La inmensa mayoría de los cambios son benignos pero hay un pequeño porcentaje de casos en el que el cambio puede deberse a la malignización”, reconoce Minia Campos. Este tipo de cambios se resume en lo que los dermatólogos llaman la regla ABCDE, que sirve para recordarnos los signos de alarma ante un lunar:

  • A – Asimetría: si dibujamos dos diámetros perpendiculares en un lunar, se suele observar simetría de la parte superior con respecto a la inferior y de la derecha con respecto a la izquierda. Si esto no ocurre, es un signo de alarma.
  • B – Bordes: los lunares benignos suelen ser redondeados, con un contorno regular, bien definido.
  • C – Color: los lunares suelen ser de un solo color. Un centro más oscuro o más claro suele corresponder también a benignidad cuando hay simetría. La existencia de más de dos colores es un signo de alarma.
  • D – Diámetro: si es mayor de seis milímetros conviene consultar.
  • E – Evolución: si un lunar aparece en poco tiempo o cambia rápido hay que pedir cita con el especialista.

La mejor manera de defenderse contra el cáncer de piel es evitar la exposición solar excesiva y utilizar crema fotoprotectora con factor de protección superior a 30-50 (según el color de nuestra piel). Los nevus congénitos y los nevus adquiridos que cumplan alguna de las características de la regla ABCDE tienen que ser evaluados por los dermatólogos al menos una vez al año aunque no presenten cambios clínicos.

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¿Cómo se descubre un lunar maligno y cuál es su tratamiento?

  • Autoexamen: saber hacerse un autoexamen de lunares nos ayuda a saber su evolución y detectar posibles cambios que se puedan ver a simple vista. Para realizarlo ayúdese de un espejo para examinar su cuerpo de espalda, de lado y de frente. Observe sus brazos, frente al espejo doble los codos y examine cuidadosamente las axilas, antebrazos, muñecas y palmas. Repase también sus piernas tanto por delante como por detrás, al igual que sus pies, palmas y entre los dedos. No se olvide de examinar su cuello, nuca, y cuero cabelludo separando los cabellos para ello. Por último, revise también la zona genital.
  • Dermatoscopia: además del examen clínico normal, el especialista puede recurrir a la dermatoscopia, método de diagnóstico que mejora la capacidad diagnóstica de las lesiones de alto riesgo de la piel. Es un aparato de aumento óptico con luz polarizada que ayuda a examinar los lunares en los casos dudosos. Permite ver las estructuras con mayor detalle y observar capas profundas de la piel.
  • Biopsia y tratamiento: La única forma de confirmar que el lunar es en realidad un melanoma maligno es extirpándolo con anestesia local y estudiándolo al microscopio. De ser maligno, su tratamiento dependerá de lo avanzado que esté. Si es muy incipiente, con la extirpación de la lesión y el control de la zona es suficiente. En otros casos, el tratamiento lo va a determinar la profundidad del melanoma y su posible extensión a distancia. Si se extiende a ganglios se trata con cirugía; y si se extiende a otros órganos se valora combinar cirugía y quimioterapia.
  • ¿Cómo se elimina un lunar? Hay diferentes formas de eliminación de un lunar sospechoso, su dermatólogo le explicará cuál es el que mejor le viene en su caso. Todas las formas son muy poco dolorosas y se realizan en una sesión. En primer lugar, está la extirpación del lunar con sutura, se elimina el nevus con una pequeña incisión en forma de huso y dando puntos de sutura posteriormente. Se intenta que la cicatriz sea lo menos visible posible. En  casos claramente benignos se puede realizar el el afeitado y electrocoagulación, en donde se elimina el lunar con un bisturí para evitar sangrado y la parte interna se cauteriza. Se utiliza en lunares de aspecto verrucoso, que suelen molestar al roce con la ropa o al peinarse.

Preguntas frecuentes

  • ¿Hay personas con mayor riesgo de desarrollar lunares malignos? Las personas de piel  y ojos claros, pelirrojos, personas que se queman con facilidad, los que tienen familiares con cáncer de piel y aquellos que están mucho tiempo al sol. Estas personas tienen que visitar al dermatólogo con frecuencia para revisar los lunares.
  • ¿Es cierto que los lunares abultados o aquellos que tienen pelos son peligrosos? No. Uno de los cambios benignos más frecuentes ocurre cuando el lunar crece en capas más profundas de la piel, esto provoca que el lunar se abulte. Los pacientes se suelen quejar de picor, roce con la ropa o molestias al peinarse si están en cuero cabelludo. En cuanto a los pelos, tanto los lunares buenos como los malos pueden tener pelos, aunque es mucho más frecuente en los lunares benignos. Simplemente es una característica que aparece durante su maduración normal.

¿Los lunares de las manos o los pies requieren más cuidados o presentan mayores peligros que los del resto del cuerpo? Esto es falso. Si bien antes se creía que el roce constante de estos lunares podía transformarlos en malignos, hoy en día se sabe que esto no es así. Por lo tanto, los lunares de las manos o los pies se controlan como si estuvieran en cualquier otra parte del cuerpo. La única peculiaridad es su imagen con el dermatoscopio, que es diferente a la de otras partes del cuerpo. No obstante, si aparece un melanoma en la planta del pie suele detectarse tarde, por lo que hay que vigilar las lesiones pigmentadas plantares exactamente igual que las del resto del cuerpo.